Carlos Cano y el despertar andaluz

Hoy se cumplen 10 años de la muerte de este gran artista granadino. Para celebrarlo recuperamos este excelente artículo escrito hace unos años por nuestro colega Fede y nos unimos así a la iniciativa llevada a cabo por los chicos de Alpujarra Libre para conmemorar a una de las voces de Andalucía con el siguiente blog: carloscano.alifa.org

Fede Castro

A lo largo de la Transición, surgió en Andalucía un movimiento autonomista y nacionalista de manera algo inesperada. En ese momento surgió una voz que recogió el sentir de Andalucía, sus esperanzas, sus demandas y sus luchas. Este artículo nace de la necesidad de recuperar las primeras obras del desaparecido cantautor granadino Carlos Cano (1946-2000) y su papel como cronista de la sociedad andaluza, así como las reivindicaciones sociales de sus canciones.

A la muerte del dictador se dio en Andalucía un fuerte y sorprendente proceso de luchas y reivindicaciones, ligado a la conciencia de lo andaluz. Marginados dentro del Estado español y castigados por éste, los andaluces y las andaluzas se lanzaron a luchar por su dignidad y por la salida del subdesarrollo. Es aquí donde cobra importancia crucial la figura de Carlos Cano como personaje clave de la Andalucía del período. Carlos Cano fue criado por su madre y su abuela republicana, lo que marcó su personalidad empujándolo hacia el compromiso y la sensibilidad social. En los años ‘60 emigró a Europa, como hicieran casi dos millones de andaluces, y lejos de su tierra fue tomando conciencia de andaluz.

Cano se sentía atraído por la izquierda, el anarquismo y la fuerza del Partido Comunista, y en Cataluña se lanzó a reivindicar el Estatuto de Autonomía, sin saber que en su propia tierra existía igualmente una tradición autonomista o nacionalista muy en la línea ideológica del artista. En 1967 aparecía en Granada el grupo Manifiesto Canción del Sur, un movimiento musical de fuerte contenido social que nacía vinculado al movimiento poético de Poesía 70 y que pretendía ser un movimiento que aglutinara y diera vida a la canción protesta andaluza. Se iba forjando una conciencia de distinción andaluza, junto con el compromiso social y la lucha contra la dictadura. Carlos Cano fue declarado por Arias Navarro persona non grata en 1972, año en el que cantaba en el homenaje que la UNESCO rindió a Federico García Lorca en París. Poco a poco se fue empapando de la literatura andalucista de Blas Infante, de la historia arábigo- andalusí y de las situaciones miserables que se daban en su recién encontrada patria, que era, más que una bandera, un pueblo, un conjunto de personas que tenían en común el sufrir especialmente el azote de la miseria.

‘A duras penas’

En ese contexto maduró el cantante que era Carlos Cano y nació en 1975 A duras penas, primer trabajo editado del cantante granadino. A lo largo de este disco se recoge el fuerte sentimiento andalucista del momento. Tal y como dijo Carlos, “fue un tiempo hermoso, lleno de fuego, de sueños, de vida, de pasión en donde unos pocos andaluces dedicamos todas nuestras fuerzas a la utopía de despertar a nuestra tierra”.

A duras penas comenzaba con la célebre Verde, blanca y verde, una canción que hizo las veces de himno andaluz hasta que se hiciera oficial el himno compuesto por Infante casi medio siglo atrás. Aquel disco lleno de fuerza denunciaba los problemas de todo un pueblo. El drama de la emigración andaluza quedaba poética y sarcásticamente plasmado en Viva la grasia (“Ustedes tienen sol, grasia pa vivir, vino, playas y flamenco / sí mucha grasia pa derramarla por las vendimias del Rosellón / viva la grasia de Andalucía con pasaporte de emigración”) y en El Salustiano, retrato prototípico de un campesino andaluz emigrado a Alemania que incluía una denuncia al caciquismo y a los políticos españoles como causantes de este drama.

A las luz de los cantares

En 1976 veía la luz A la luz de los cantares, una clara continuación del camino abierto por A duras penas. Carlos recuperaba la tradición musical andaluza y en andaluz cantaba de nuevo los problemas de su tierra. El disco se abría con la canción La morralla, una oda a la clase más baja de una Andalucía aún subdesarrollada (“Los primeros los obreros, los lindos aceituneros, los bonitos jornaleros, la morrallita señor”). Otra pieza clave de este disco fue La especulación, en la que Carlos criticaba a la pequeña clase pudiente andaluza preocupada por poder seguir chupando del bote. Igualmente, se incluía una serie de canciones dedicadas a diferentes áreas andaluzas, como La Contraviesa, Pasodoble p’Almerí o Rota Orienta, una pieza brutal en la que se critica la presencia de la base militar norteamericana en suelo andaluz (“Ay poeta qué dolor, hasta mi nombre querío, quien se aclama el salvador de España me lo ha vendío”). Pero sin duda el tema más impactante fue la Murga de los Currelantes, un magnífico retrato del Franquismo (“La pelota, los toros, la lotería y las quinielas, er seílla, las letras, el televisor”) en el que quedaban expuestas las reivindicaciones de todo un pueblo: “S’acabe el paro y haiga trabajo, escuela gratis, medicina y hospital / pan y alegría nunca nos falten, que vuelvan pronto los emigrantes, haiga cultura y prosperiá”.

La tradición de Al-Andalus

En 1978 se editó el disco Crónicas granadinas, en el que Carlos recuperaba toda la tradición cultural e histórica de Al-Andalus. Rescataba esa cultura milenaria como ya hicieran Blas Infante o García Lorca en su día, cantando a la Granada nazarí, a su último rey (el expulsado Boabdil) o a la Garnata musulmana que Lorca imaginó. Se incluyó la canción El Bando, en la que Carlos hizo una fuerte crítica a la sangrienta ‘Toma de Granada’ que aún hoy sigue siendo reivindicación de la extrema derecha granadina.

A estos tres discos siguieron otros de temática parecida, como De la luna y el sol (1980) y El gallo de Morón (1981), en los que continuó siendo testigo implacable de la sociedad andaluza, cantando sus problemas, recuperando la tradición arábigo-andalusí y reivindicando el pasado andaluz. Cano abrió desde sus primeros años las puertas de la mejor tradición nacionalista andaluza, basada en la solidaridad y la justicia social, por lo que muchos lo valoramos como el Blas Infante de la Transición.


LA COPLA

A lo largo de su carrera posterior, y hasta su muerte, Carlos adquirió una brillante madurez musical y vocal que quedó plasmada en más de una veintena de discos editados, en los que se reflejan influencias mestizas y una fijación por ritmos latinoamericanos. Pero sin duda su labor más importante, y por la que será recordado por muchos, fue su reivindicación de la copla como canción popular andaluza, consiguiendo desligarla de la pésima copla franquista que el régimen convirtió en ‘canción española’.


(artículo escrito para Diagonal nº54 de 10 de Mayo de 2007)

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